Tu casa es inviolable. Sin excepciones. Si un inspector de Hacienda se presenta en la puerta de tu domicilio particular, solo puede entrar de dos formas: con tu consentimiento expreso o con una autorización judicial. No hay una tercera vía. Esto no es una interpretación: es un derecho fundamental recogido en el artículo 18.2 de la Constitución Española. Según datos del Consejo General del Poder Judicial, las solicitudes de entrada domiciliaria por parte de la Administración Tributaria representan menos del 2% de las inspecciones, lo que demuestra que la propia Hacienda sabe que este límite es infranqueable.

El marco constitucional

El domicilio es inviolable. Ninguna entrada o registro podrá hacerse en él sin consentimiento del titular o resolución judicial, salvo en caso de flagrante delito.

Art. 18.2 Constitución Española

Este derecho fundamental se traslada al ámbito tributario a través del Art. 113 LGT, que establece que cuando las actuaciones inspectoras requieran la entrada en el domicilio constitucionalmente protegido, será necesario obtener el consentimiento del titular o la oportuna autorización judicial. El Art. 172 RGGI desarrolla este precepto con mayor detalle.

Oficina vs. domicilio: la diferencia clave

No todos los espacios tienen la misma protección. La ley distingue claramente entre:

Locales abiertos al público: Una tienda, una oficina de atención al cliente, un despacho con acceso público. Aquí la Inspección puede personarse sin necesidad de autorización judicial ni consentimiento previo. Basta con la orden de inspección.

Domicilio constitucionalmente protegido: Tu vivienda particular, la trastienda privada no accesible al público, un despacho cerrado dentro de tu domicilio. Aquí aplica la protección constitucional plena. Sin tu consentimiento o sin orden judicial, no pueden entrar.

El matiz es fundamental: muchos autónomos trabajan desde casa. Si tu domicilio fiscal coincide con tu vivienda, toda la vivienda está protegida constitucionalmente. La Inspección no puede argumentar que «solo quiere ver el despacho» para sortear la protección del resto del domicilio.

La trampa del consentimiento

Aquí es donde muchos contribuyentes pierden su derecho sin saberlo. Cuando un inspector se presenta en tu puerta y tú, nervioso, dices «sí, pase», acabas de dar consentimiento. Y ese consentimiento es perfectamente legal. La inspección que se desarrolle a continuación será válida.

Estudios del Defensor del Pueblo señalan que una proporción significativa de los contribuyentes inspeccionados en domicilio admiten haber dado consentimiento por desconocimiento de sus derechos o por presión del momento. Una vez que das consentimiento, no hay vuelta atrás. No puedes alegar después que «no sabías» o que «estabas nervioso».

Qué hacer en los primeros 5 minutos si un inspector se presenta

1. Mantén la calma. No grites, no discutas, no cierres la puerta de golpe. Sé correcto pero firme.
2. Pide identificación oficial y la comunicación de inicio de actuaciones inspectoras.
3. Si es tu domicilio particular, no des consentimiento. Di educadamente: «No autorizo la entrada. Necesitan autorización judicial.»
4. Llama a tu asesor fiscal inmediatamente. No digas nada más hasta hablar con un profesional.
5. No entregues ningún documento sin asesoramiento previo. Todo lo que digas y entregues en esos primeros minutos puede usarse en tu contra en el expediente.

Referencias legales

Art. 18.2 CE Inviolabilidad del domicilio • Art. 113 LGT Autorización judicial para entrada en domicilios • Art. 142 LGT Facultades de la inspección • Art. 172 RGGI Lugar de las actuaciones inspectoras